Este blog contiene en su esencia y espíritu el deseo de ser un homenaje y una invitación a la Cultura, a la Literatura, al Arte, a las Humanidades en general. A través de él deseo que todos los que se acerquen a sus contenidos sean tocados por la magia de la armonía y de la belleza que las palabras pueden transmitir.
All things uncomely and broken,
all things worn out and old,
The cry of a child by the roadway, the creak of a lumbering cart,
The heavy steps of the ploughman, splashing the wintry mould,
Are wronging your image that blossoms a rose in the deeps of my heart.
Todas las
cosas desgarbadas y rotas, todas las cosas gastadas y viejas,
el llanto de un niño junto al camino, el crujido de una carreta cargada,
los pesados pasos del labrador al salpicar el moho invernal,
están dañando tu imagen que hace brotar una rosa en el fondo de mi corazón.
The wrong of unshapely things is a
wrong too great to be told;
I hunger to build them anew and sit on a green knoll apart,
With the earth and the sky and the water, re-made, like a casket of gold
For my dreams of your image that blossoms a rose in the deeps of my heart.
El mal de las
cosas desgarbadas es un mal demasiado grande para ser contado;
Añoro crearlas de nuevo y sentarme apartado sobre una verde loma,
con la tierra y el cielo y el agua, creados nuevamente, como un cofrecito de
oro
para mis sueños de tu imagen que hace brotar una rosa en el fondo de mi
corazón.
Si hay una película que nos haga
sentir como ninguna otra la alegría de vivir, esa es, sin lugar a dudas, “El
hombre tranquilo” (The Quiet Man),
dirigida por el genial John Ford en 1952. La irresistible banda sonora de
Victor Young expresa perfectamente con sus acordes irlandeses la vitalidad de
esta obra maestra del cine que adaptaba a la gran pantalla la novela de Maurice
Walsh. Como ocurre en tantos otros casos, la obra cinematográfica supera con
creces a la literaria, añadiéndole una dimensión humana y mítica a la vez que
la convierte en imperecedera para nuestra memoria sentimental.
John Wayne resulta inolvidable como el
ex boxeador norteamericano Sean “Tornado” Thornton, resuelto a dejar atrás su
pasado y a empezar una nueva vida en la tierra de sus ancestros, mientras que
Maureen O’Hara ofrece una de sus actuaciones más recordadas como la carismática
pelirroja Mary Kate Danaher, empeñada en no renunciar a la dote que le
corresponde. Pero también habita en ese pueblecito irlandés de tarjeta postal
el viejo Michaeleen Flynn (Barry Fitzgerald), filósofo y casamentero de
reducida estatura cuyo caballo se detiene por voluntad propia frente al pub
local. Este anciano con sonrisa de duende celta y una afición más que desmedida
por el whisky suele exclamar “¡Homérico!” cuando algo se sale de lo común. Algo
parecido nos sucede cada vez que visionamos esta maravillosa película a la que
alguien debería haber nominado para el Premio Nobel de la Paz. Solo podemos
calificarla de “homérica”, mientras buscamos otro adjetivo que acierte a
describir fielmente todas las virtudes que encierra en sus edificantes
fotogramas de celuloide tecnicoloreado.
La
Irlanda de “El hombre tranquilo” no es un reflejo fidedigno de la realidad,
pero nos llega al corazón mucho más directamente que si lo fuese. Y es que el
idílico pueblecito de Innisfree no se encuentra en ningún mapa y solo se puede
acceder a él mediante el ejercicio de la imaginación. El nombre de este mítico escenario
del celuloide más intemporal se inspira en unos magníficos versos de William Butler Yeats, el poeta nacional irlandés:
La isla del lago de Innisfree (The Lake Isle of
Innisfree)
(W.B. Yeats)
Ahora
me levantaré y emprenderé la marcha hacia Innisfree,
y
una pequeña cabaña allí edificaré, con arcilla y zarzos:
nueve
surcos de judías plantaré, así como un panal de miel,
y
viviré solitario en el claro, entre el fragor de las abejas.
Y
algo de paz allí tendré, porque la paz gotea con lentitud,
dejándose
caer desde los velos matutinos hasta el lugar donde canta el grillo;
allí
la medianoche es un tenue resplandor, y el mediodía un brillo purpúreo
y
el atardecer se llena de alas de pardillo.
Me
levantaré y emprenderé la marcha, pues siempre, sea noche o día,
puedo
escuchar cómo el agua del lago chapotea con suaves sonidos contra la orilla;
mientras
permanezco quieto en la carretera o sobre el grisáceo asfalto,
Portrait sketch of William Butler Yeats in 1908 by John Singer Sargeant. Click for a larger image.
Uniéndome a la
celebración de San Patricio, la fiesta nacional de Irlanda, he querido traducir
al castellano uno de los más bellos poemas de William Butler Yeats (1865-1939),
insigne escritor dublinés cuya obra aúna el folclore y la tradición celta de su
país en una peculiarísima simbología. Galardonado con el Premio Nobel de
Literatura en 1923 y uno de los fundadores del Abbey Theatre, la poesía de
Yeats, un autor que en cierta ocasión afirmó que “la literatura no es sino la
expresión de estados de ánimo mediante el vehículo del símbolo y el incidente”
fascina tanto hoy día como en el momento en que fue escrita. Espero que la
disfrutéis y, sobre todo, ¡Beannachtai na Feile Padraig! (Feliz Día de San
Patricio en gaélico)!
He Wishes for the Cloths Of Heaven (1899) de William Butler Yeats
HAD I the heavens' embroidered cloths, Si yo tuviera los bordados
ropajes del cielo,
Enwrought with golden and silver
light, Incrustados con
luz de oro y plata,
The
blue and the dim and the dark cloths las azuladas, sombrías y oscuras
ropas
Of
night and light and the half-light, de la noche y de la luz y de la
media luz,
I
would spread the cloths under your feet; los ropajes extendería bajo tus
pies;
But
I, being poor, have only my dreams; Mas,
siendo pobre, sólo poseo mis sueños;
I
have spread my dreams under your feet; Bajo tus pies he extendido mis
sueños; Tread
softly because you tread on my dreams. Pisa
con suavidad, pues sobre mis sueños caminas.