miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA VOLUNTAD DEL “ORBISON”



Querido amigo:

La función ha terminado. Todo salió según tus deseos. Deposito esta nota, junto a un ramo de flores, sobre tu lápida. Nunca te tomé en serio cuando, siendo adolescentes, afirmabas que te gustaría que sonara “Stairway to Heaven” en tu entierro. Aún me parece escucharte:

Mientras me lloráis, yo iré subiendo entre grandiosos compases de rock progresivo. Y os diré adiós desde arriba...”.



Jamás imaginé que sonase tan pronto para ti, amigo. ¿Recuerdas cuando en la pandilla empezamos a llamarte “Orbison”? Con aquellas gafotas y tu corpulencia, cada vez te parecías más a Roy, el cantor de las mujeres guapas. ¡Y lo que te gustaba ese apodo! Seguí tus instrucciones al pie de la letra. El viejo Sanyo M2420 color antracita dio la representación de su vida y la cassette del sello Atlantic irradió un sonido casi cuadrafónico. Ni siquiera se salió la cinta.

Hoy amaneció lloviendo, pero el sol decidió resplandecer inesperadamente en tu funeral. Es curioso. Cuando volví al coche, en el espejo retrovisor se reflejó una silueta de escalera tendida sobre el arcoíris. Y creí verte subiéndola, peldaño a peldaño, hasta perderte en ese estudio de grabación donde amansan las enfermedades al son de guitarras eléctricas.

Seguro que eras tú, Orbison. Siempre fuiste un tipo afortunado.


  

martes, 11 de julio de 2017

Tiempo y espacio (T. S. Eliot)


Versión de Ricardo José Gómez Tovar ©



Este bellísimo poema data de la primera etapa de Thomas Stearns Eliot, uno de los mayores escritores del siglo XX. En sus inolvidables versos, al igual que sucede en muchas otras de sus composiciones, pero muy especialmente en su obra cumbre Four Quartets (Cuatro Cuartetos), el poeta expresa una profunda preocupación por el tema del tiempo y su misteriosa conexión con la eternidad. Al ser humano no le queda más remedio que tratar de vivir sus efímeros momentos de felicidad como si fueran eternos, mensaje que se adapta a la perfección a la letra y el espíritu de la película One Way Passage (Pasaje de ida, 1932), uno de los hitos del cine romántico, la cual analizaremos detenidamente en el próximo artículo. Mientras tanto, degustemos el magnético idealismo de este poeta filósofo o filósofo poeta nacido en Saint Louis, Misuri, en 1888 y que se despidió del mundo en la Inglaterra de 1965.





Time and Space

If Time and Space, as sages say,
Are things which cannot be,
The sun which does not feel decay
No greater is than we.
So why, Love, should we ever pray
to live a century?
The butterfly that lives a day
Has lived eternity.

 The flowers I gave thee when the dew
 Was trembling on the vine,
 Were withered ere the wild bee flew
 To suck the eglentine.
 So let us haste to pluck anew
 Nor mourn to see them pine,
 And though our days of love be few
 Yet let them be divine.

If Space and Time, as sages say,
Are things which cannot be,
The fly that lives a single day
Has lived as long as we.
But let us live while yet we may,
While love and life are free,
For time is time, and runs away,
Though sages disagree.





Tiempo y espacio


Si el tiempo y el espacio, tal como afirman los sabios,
son cosas que no pueden ser,
el sol que no siente deterioro
no nos aventaja en grandeza.
¿Por qué, entonces, Amor mío, deberíamos rezar
para vivir un siglo?
La mariposa que vive un solo día
ha vivido la eternidad.

Las flores que te entregué cuando el rocío
temblaba sobre la enredadera
ya marchitas estaban antes de que la abeja silvestre
volara hacia ellas para succionar su eglantina.
Así pues, apresurémonos a cortarlas de nuevo
 sin guardar luto por verlas languidecer,
Y aunque nuestros días de amor sean pocos,
dejemos que sean divinos.

Si el espacio y el tiempo, tal como afirman los sabios,
son cosas que no pueden ser,
la mosca que vive un solo día
ha vivido tanto como nosotros.
Así pues, vivamos mientras podamos,
mientras que el amor y la vida gratuitos sean,
Pues el tiempo, tiempo es, y corre con fugacidad,
Aunque a esto los sabios no den su conformidad.




domingo, 7 de mayo de 2017

Si una sola persona cae…

El título de este microrrelato está inspirado en una memorable frase de Gandhi: “Si una persona gana espiritualmente, todo el mundo ganará, pero si una sola persona cae, el mundo entero también caerá”. Un recordatorio más de que el hogar de los seres humanos no puede ser motivo de especulación, pues es su santuario sagrado y les pertenece por derecho de nacimiento. Aquellos que cometen el delito moral de la codicia elevando insensatamente el precio del metro cuadrado de las viviendas que venden o alquilan para oprobio de sus semejantes deberían hacerse esta pregunta en algún momento de sus vidas: “¿Qué pensaría Gandhi de lo que estoy haciendo? ¿Ganará algo el mundo con esta transacción abusiva e inmoral o solo saldrá ganando mi cuenta corriente?” 


Si una sola persona cae…

Las dos mansiones se miraban con arrogancia. Era difícil apreciar cuál era más opulenta y en cuál de las dos verdeaba con mayor intensidad el mimado césped. Bastaba contemplarlas para sentirse amparado por la maternal sombra que proyectaban, un haz de recuerdos confortables y acogedores. La pareja de ancianos dejó caer al suelo la maleta que transportaban y exclamó al unísono:

-¡Por fin lo hemos encontrado!


Nadie habría imaginado que, en aquella minúscula tierra de nadie que permanecía olvidada entre la majestuosidad de ambos edificios, podía surgir un hogar de semejante calidez. Parecía uno de aquellos insípidos arbolitos mágicos que, tras espolvorearlos con agua la noche anterior, amanecían convertidos en esplendorosos cerezos. El perfume penetrante de los jardines señoriales inundó con su fragancia aquel habitáculo sin paredes donde la pareja de septuagenarios, con cautivadora mímica que atraía la atención de los transeúntes, iba colocando los imaginarios objetos que componían el inventario de su casa. Ambos se movían al compás de una coreografía perfecta, a la que no parecía afectar la ausencia de puertas y ventanas. Pasados unos minutos, la sugestión llegó a tal punto que algunos espectadores se atrevieron a traspasar los límites etéreos del domicilio que contemplaban atónitos para ofrecerse a colgar un cuadro incorpóreo o apuntalar armarios invisibles. Esa noche de enero, la pareja de ancianos durmió plácidamente arropada, sin mantas ni radiadores. Tras el ventanal de la mansión vecina, una niña sonreía emocionada. Nunca había visto ondear la cometa de la fraternidad.