jueves, 9 de junio de 2022

EL MAR BILINGÜE DE SARK

 


Vigésima Sexta Edición del Certamen Literario SANTOÑA LA MAR


“Existía entre nosotros, como ya he dicho en alguna otra parte, el vínculo del mar”.

(Joseph Conrad)

 

Cada vez que aparece un libro con algo tuyo dentro, sientes que estás más acompasado con el ritmo del mundo, de ese mundo que comprendes mucho mejor a través de los libros. Mi relato “El mar bilingüe de Sark”, ambientado en una de las islas del Canal de la Mancha durante la Segunda Guerra Mundial, acaba de ser publicado en el libro de la Vigésima Sexta Edición del Certamen Literario Santoña… la mar, donde obtuvo un accésit el pasado verano. Es un privilegio figurar como uno de los autores premiados en este volumen con sabor a narrativa marítima, uno de mis temas predilectos en lo que a gustos literarios se refiere. Mi gratitud al Ayuntamiento y a la Casa de la Cultura de Santoña, quienes se han encargado de editar primorosamente este apetecible tomo poblado por variopintas andanzas marineras. ¡Feliz travesía por sus páginas!   


miércoles, 17 de marzo de 2021

Digo que es mi casa (My House, I Say), un poema de Robert Louis Stevenson

 

Digo que es mi casa, pero escuchad a las alegres palomas

que convierten mi tejado en escenario de sus arrullos,

que se acurrucan en torno al gablete durante todo el día

y llenan las chimeneas con su canto melodioso.

 

Nuestra casa, dicen ellas. Y la mía, afirma el gato

mientras esparce su dorado pelaje sobre las sillas.

Y otro tanto dice el perro, irguiéndose furioso

si cualquier pie extraño profana el sendero.

 

Y el corzo que podaba mis jardines,

nuestro antiguo jardinero, hacía suyas estas posesiones;

mas ahora, ya derrocado, vigila mi humilde morada

y su reino de antaño, tan solo desde la carretera.

 

©Versión de Ricardo José Gómez Tovar

 

 


 

My house, I say. But hark to the sunny doves

That make my roof the arena of their loves,

That gyre about the gable all day long

And fill the chimneys with their murmurous song:

Our house, they say; and mine, the cat declares

And spreads his golden fleece upon the chairs;

And mine the dog, and rises stiff with wrath

If any alien foot profane the path.

So, too, the buck that trimmed my terraces,

Our whilom gardener, called the garden his;

Who now, deposed, surveys my plain abode

And his late kingdom, only from the road.

 

domingo, 14 de marzo de 2021

LA FRASE TERMINADA DE WALTER MITTY

 

Hay un relato de James Thurber, padre literario del Walter Mitty de celuloide que va a asomarse a estas páginas, que habla de una mujer llamada Dorothy aficionada a terminar las frases de las personas con quienes se relacionaba. Este hábito no contribuía precisamente a la popularidad de la joven, ya que unas veces acertaba de pleno, pero otras muchas se pasaba de lista, aportando una información que el sorprendido/indignado interlocutor ni siquiera había considerado introducir en la conversación. No sé si el Walter Mitty de letra impresa habrá entablado amistad con esta resabiada completadora de frases con la que comparte volumen, pero el Walter Mitty cinematográfico, a quien presta su físico desgarbado el gran Daniel Kaminsky, conocido para la posteridad y en el Olimpo hollywoodiense como Danny Kaye, tampoco lo tenía nada fácil a la hora de expresar sus propias opiniones, ya fuese en el entorno laboral o en el familiar. Nuestro amigo Walter, un editor de novelas pulp de portadas a cual más efectista, es un volcán de fantasía a punto de estallar. Ante la grisura de los quehaceres diarios, la conducta autoritaria de su futura novia y la mediocridad de sus superiores de la editorial Pierce Publishing, que se apropian de sus sugerencias sin que él pueda decir ni pío, este hombre tranquilo, que acostumbra a dar de comer a las palomas desde el alfeizar de la ventana de su despacho, no tiene otra alternativa que accionar todo un engranaje de escenas escapistas en las que él actúa como protagonista absoluto.

 


El sonido de la claqueta se transforma entonces en un obsesivo pocketa, pocketa que introduce cada una de las nuevas aventuras en las que Walter se ve involucrado. Un capitán de barco en medio de una feroz tempestad, un aguerrido piloto de la RAF o un médico que exhibe nervios de acero frente a una operación de alto riesgo son sólo algunas de las proyecciones en Technicolor de Walter Mitty, ese ser apocado a quien todos tratan de gobernar a su antojo como si fuese una personalidad invisible, aludiendo a sus nervios delicados, a su falta de memoria o a su comportamiento en apariencia estrambótico. La vida secreta de Walter Mitty es la única vida auténtica que puede vivir un personaje que, acusado de soñador, es objeto de burlas constantes por parte del primo de su prometida (un patán con quien ésta parece hacer buenas migas) e incluso es enviado a la consulta de un psiquiatra de aspecto tan siniestro como Boris Karloff (en clave de autoparodia) y está a punto de perder su “otra vida”, la que no sucede en el plató de sus ensoñaciones, en una madeja de intrigas de espionaje internacional con rubia incluida.

 


El actor protagonista de La vida secreta de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty) inolvidable película producida por Samuel Goldwyn y dirigida por Norman Z. McLeod en 1947, repetiría en más de una ocasión el fenotipo de hombrecillo soñador, tímido, afable, nervioso e hipocondriaco que tan bien se ajustaba a su peculiar fotogenia. Dos años antes, en Un hombre fenómeno (The Wonder Man), había interpretado al hermano bibliotecario de un artista de nightclub a quien éste, tras ser asesinado por unos gángsters, se le aparecía en Prospect Park para pedirle que asumiera su identidad. También allí compartía honores estelares con Virginia Mayo, encantadora actriz que sería su más asidua partenaire (coincidieron en cuatro películas: las ya citadas, El asombro de Brooklyn (The Kid from Brooklyn, 1946) y Nace una canción (A Song is Born, 1949).

 

En el preciso momento en que a Walter Mitty se le permite terminar una frase, su vida empieza a cambiar. El director de la editorial le respeta, su madre deja de tratarle como a un crío y, lo que es más importante, consigue a la chica de sus sueños, Rosalind van Hoorn, esa misteriosa rubia que se le aparece en los lugares más insospechados. El talento prodigioso de Danny Kaye es el verdadero artífice del éxito artístico de esta inolvidable comedia que logra la proeza de convertir un relato bastante soso de apenas siete páginas en una obra maestra del cine. Dicho mérito también es atribuible al espléndido guion firmado por Ken Englund y Everett Freeman, que introduce atractivos elementos de aventura en el argumento a través de unas joyas holandesas codiciadas por los nazis. En definitiva, La vida secreta de Walter Mitty es una delicia para los nostálgicos de una manera de hacer cine cada vez más añorada. Como diría el propio Walter, pocketa, pocketa, empieza la proyección…