jueves, 24 de enero de 2013

Espectros de juventud


Sobre el puente de medianoche relucían dos estrellas de cartón que nunca se habían asomado a aquel firmamento satinado. El puente era de cartón piedra y ya no recordaba sus días de sólido granito, ligazón de argamasa y ensoñaciones de acueducto. A ambos lados de las orillas del río, en cuya cristalina corriente admiraban su propio reflejo las vanidosas estrellas de cartón-luz, dos viajeros se habían detenido para contemplar la plenitud del paisaje antes de cruzar sobre tan abismal vacío. Como quien escucha una fantástica voz de alerta, mitad imaginada, mitad intuida, el puente tuvo la premonición de que uno de los dos no lograría pasar al otro lado. “¡Retroceded ambos!”, gritó, sin que de su acartonada y amnésica garganta saliera ningún sonido. “¿Acaso es tan importante cruzar?”

Sólo cuando vio caer al más joven se dio cuenta de que ambos viajeros eran la misma persona.