viernes, 7 de diciembre de 2012

Heracles se emplea a fondo


Hércules se limpió el sudor de la frente al ver la abrumadora fila de personas que tenía delante. ¿Acaso buscaban todas ellas el vellocino de oro? Mientras esperaba su turno, sacó unos documentos de la piel de león que le ceñía el cuerpo. El certificado de vida laboral, expedido en Micenas por su tío Euristeo, comenzaba con su primer trabajo en Nemea y terminaba refiriendo aquel viscoso asunto del can Cerbero en los Infiernos. Le habían aconsejado adjuntar una fotografía al CV, así que se había traído consigo dos lienzos: el que le pintó Pollaiuolo luchando contra la Hidra de Lerna y otro que le hizo Zurbarán, inmortalizado tal y como vino al mundo en pleno acto de asfixiar al felino de Nemea. Si le pedían referencias, Jasón o Atenea no tendrían inconveniente en escribirle una carta de recomendación. Hasta que le saliese algo, su compañero de hazañas Yolao le había ofrecido la vacante que ocupaba Teseo en “Viejas Glorias S.L.”, la empresa de mudanzas donde trabajaba. Nada muy mítico, claro está, pero suficiente para salir del paso. Como el fuego extinguido por el agua, Hércules sintió que su fuerza se debilitaba al ver su nombre sobre la tarjeta sellada.