lunes, 15 de octubre de 2012

Jaque mate en una sopa de letras


Con esa exactitud tan característica de la ciencia, los libros se quedaron sin vocales. Habían dejado de interesar a los pocos que todavía las valoraban, un puñado de nostálgicos que recordaban con afecto las amarillentas cartillas con las que aprendieron el A, E, I, O, U. Entre complejas ecuaciones, los alumnos comenzaron a leer “Dn Qjt d l Mnch” en voz alta:

 “n n lgr d l Mnch d cy nmbr n qr acrdrm…”

Un círculo de poetas disidentes halló el medio de escribir sus rimas con tinta invisible. Matemáticamente, manos anónimas envenenaron su zumo de limón.