viernes, 14 de septiembre de 2012

Telegrama desde Venecia



Aquí, en la cárcel, dictando mis memorias a Rustichello de Pisa. STOP. Me siento como un león de San Marcos enjaulado. STOP. Suspiro por ver el Puente de los Suspiros. STOP. Rodeado de tanta laguna, echo de menos el polvo de Samarkanda. STOP. ¡Ay, Gran Khan, qué tiempos aquellos! STOP. Y lo peor es este traje a rayas que tengo que llevar, que no se lo pondría ni un gondolero… STOP. Kublai, si supieras lo que daría por catar uno de esos platos de fideos chinos que me preparaban tus cocineros de Catay… STOP. Si me admites un consejo, creo que con un poco de salsa de tomate y queso del Ducado de Parma quedarían aún más sabrosos... STOP. Febrero. Ahí fuera, celebrando el carnaval, y yo todavía metido en esta celda. STOP. En cuando me dejen libre, subo al primer vaporetto que pase y no me vuelven a ver el pelo por el Gran Canal. STOP. Acabo de ver pasar a Casanova en una góndola. Ese sí que sabe corrérselas... STOP. Me da la sensación de estar sentado sobre un barril de pólvora. STOP. ¡Por fin libre para hacer lo que me dé la Real Gana! (Ay no, que Venecia es una República...). STOP. Salgo disparado para allá, Kublai. STOP. Llegaré en una o dos semanas, según la cantidad de tormentas de arena que soplen y la agresividad de los bandidos que asalten nuestra caravana por el camino. STOP. Un abrazo de mi parte para toda la Corte. Marco.