lunes, 3 de septiembre de 2012

Necesitamos a Hamlet


Cada vez nos resulta más necesario Hamlet. En estos días de caretas de poder y codicia, de empobrecimiento económico y depauperación cultural, de indignación generalizada, de adoración de becerros de oro deportivos y menosprecio de estandartes literarios, necesitamos aún más sus monólogos interiores y sus divagaciones de loco-cuerdo al contemplar la calavera de Yorick, el bufón. Decía Graham Greene, en su genial parodia de las novelas de espionaje Nuestro hombre en La Habana, que “todos deberíamos ser clowns”. Tal vez eso impidiera la formación de castas, la superposición de jerarquías, las odiosas comparaciones dirigidas a la humillación del que menos tiene, tal vez eso contuviera la mano del hombre que desea perderla en mil batallas con sus semejantes, tal vez así desaparecerían tantas otras miserias…



Todos Yoricks, todos bufones. Vistamos el uniforme del clown. ¿Qué podemos perder? Sigamos a Shakespeare, sigamos a Hamlet. Lo dijo él antes de dejar de respirar el corrompido aire de su reino: El resto es silencio.