miércoles, 11 de abril de 2012

A GLARING LIGHT INSIDE EL CID’S TENT


The good warrior was keeping night watch at the farthest border of Castile. He did not seem to be smitten by the cold night air any more than he was by drowsiness or the sheer outrage of being forced to sleep out in the open by decree. Then he saw a glaring light shine from inside El Cid’s tent –never a braver warrior rode on a horse-, as if an angel had descended upon it. The sentinel sauntered warily towards the glaring tent, not allowing the glimmer to dazzle him off guard, and upon looking in he beheld the Campeador in the throes of a heavenly slumber. “May the night grant you a sweet rest, my Liege, and visions to guide you throughout your banishment!”





LUZ EN LA TIENDA DEL CAMPEADOR


El buen guerrero montaba guardia en la frontera última de Castilla. El frío no parecía herirle más que el sueño o la afrenta de dormir al raso por decreto. Entonces vio salir un resplandor de la tienda del Cid -nunca tan en buena hora cabalgó varón-, como si un ángel hubiese descendido sobre ella. El centinela avanzó cauto hacia la luz, sin dejar que el brillo deslumbrara su alerta, y al mirar dentro creyó ver al Campeador en los brazos de un celestial sueño. “¡La noche os dé dulce tregua, mi Señor, y visiones que os guíen en el destierro!”


Microrrelato en versión bilingüe, de Ricardo José Gómez Tovar