sábado, 4 de febrero de 2012

El cedro de Lugnagall



Si alzas la vista en día despejado,

Bajo un cielo quieto, con galerna mansa,

Y ves una colina tallada en gris barro,

Descendiendo exaltada en rocosa cascada

Hasta el Bosque de Druidas de Donegal,

Deja que tus pies, amnésicos de fatiga,

Se adentren en su espesura sagrada

Y, al abrigo de la Estrella Guía,

Te conduzcan al Cedro de Lugnagall.

Escucha entonces el rehilar del bosque,

Robles y alerces evocando magia ancestral,

Y aprende a leer en sus ecos los de una bella historia,

De la Vestal de la Rama Dorada,

Que, desde el primer al postrero hálito,

Deseó quedar enraizada en el lugar.